La fundición de sellos
La inmensa mayoría de los signacula se fundían en bronce en un solo bloque (placa + anilla). Esa pequeña plataforma o "saliente" que se ve en el reverso de la placa de bronce solía ser el canal de alimentación o "bebedero" por donde se vertía el metal fundido al molde. Al terminar la pieza, el artesano rebajaba el canal sobrante, dejando esa sobre elevación maciza como base para darle mayor resistencia al asa.
Refuerzo estructural para la presión
Para usar el sello y marcar materiales densos (como la arcilla de ladrillos, tejas, ánforas o pan), el propietario introducía el dedo por la anilla y ejercía mucha fuerza hacia abajo. Si la argolla circular se uniera directamente a la fina chapa del sello, la presión la doblaría o rompería de inmediato. Los romanos ensanchaban la base de la anilla creando esa "plataforma" de transición para distribuir la carga mecánica por toda la placa.
El desgaste y la fractura arqueológica
Es extremadamente común encontrar signacula que han perdido la anilla. Debido al esfuerzo continuo que soportaban durante su vida útil, el punto exacto donde la anilla circular se unía a esa base maciza sufría fatiga del metal. Al pasar los siglos bajo tierra, la corrosión debilitaba esa unión (que solía ser la zona más delgada de la parte superior), provocando que la anilla se partiera y dejara únicamente la plataforma de la base como un relieve aislado.
En este caso creo que se utilizo un cincel para arrancar la anilla de la cartela, por las hendiduras que muestra el reverso de la cartela. La anilla era maciza y en la parte izquierda de la imagen se ve un muñón que es lo único que ha quedado de la anilla.