jueves, 15 de octubre de 2026

Labores en el fundus de Vallbona

El Día a Día en el Fundus de Vallbona

La vida cotidiana en el territorio Lucretianus comenzaba al amanecer bajo la estricta supervisión de Yconomes. Como administrador de la propiedad, su primera tarea consistía en organizar las cuadrillas de trabajo y repartir las herramientas para la jornada. Lejos de la visión idílica de un llano fácil de cultivar, el día a día en los márgenes del Besós exigía un esfuerzo constante de adaptación al terreno. Los trabajadores no sembraban los cereales ni las leguminosas de forma extensiva por el llano, sino que limitaban estos cultivos de forma estricta a las orillas del río, eso sí dejando zonas de pastos libres para el ganado. Allí, la rutina más laboriosa de los campesinos era la de cavar y mantener una red de zanjas estratégicas, diseñadas minuciosamente para evacuar los excesos de fango que dejaban las crecidas y evitar así que el lodo asfixiara las raíces.
Mientras el trabajo agrícola avanzaba, el sector industrial de la villa operaba a pleno rendimiento en la zona llana del fundus. En el alfar, los artesanos moldeaban las ánforas utilizando la arcilla extraída directamente de las canteras de la misma propiedad, sin depender de proveedores externos. Para alimentar los hornos, en época de vendimia recogían a diario leña de la sierra que les rodeaba, así ya iba todo redondo para envasar la producción. Para marcar las ánforas recién hechas el propio alfarero utilizaba un sello específico sobre la arcilla blanda antes de la cocción. Más adelante, una vez que el vino layetano ya estaba listo y envasado, Yconomes intervenía directamente en el proceso del sellado final: embadurnaba el tapón de las ánforas con barro fresco y con el signaculum de bronce, estampaba la inscripción LVCRETIAE YCONOMES para certificar oficialmente la propiedad y el control de la mercancía.
El transporte y la salida de estas mercancías marcaban el ritmo de las tardes en Vallbona, enfrentándose a la dura realidad geográfica de la zona. Dado que el cauce del Besós era completamente impracticable para la navegación y sus orillas estaban tomadas por un pedregal de cantos rodados que habría destrozado los ejes de cualquier carro, la logística requería rutas alternativas. Las pesadas carretas cargadas de vino salían de la villa y cruzaban el río por un puente que no era privado, pero que estaba dentro del fundo Lucreciano. Ya al otro lado del río los carros desfilaban por camino seguro que bordeaba la sierra para llevar el vino directamente hasta el puerto de Baetulo (Badalona), el verdadero núcleo comercial de la zona costera.
Por otro lado, el día a día del abastecimiento hacia Barcino seguía un circuito totalmente diferente. Los excedentes de grano y hortalizas se desviaban hacia la colonia romana a través de un ramal de la Vía Augusta. Para mantener la alta productividad de la finca, los agricultores gestionaban un sistema de riego hidráulico; las viñas de la propiedad se regaban con el agua de los torrentes gracias a unas cuantas fosas de decantacion y cisternas de acumulacion y así aprovechaban el agua que venía de la sierra de Collserola en vez de utilizar la del río Besós. Al caer la noche, las herramientas se guardaban y la villa se cerraba de forma autónoma. Todo este engranaje funcionaba al margen de las grandes dinámicas urbanas, bajo las directrices de una domina, Lucrecia, que controlaba su riqueza rural al margen de los clanes patricios dominantes que gobernaban Barcino.
Y al final, el signaculo  nos explica el último capítulo:

El signaculo fue inutilizado de forma ceremonial, sin saña, o sea sin destruir el epígrafe del anverso. Y por el sitio donde se  ha encontrado tiene pinta  de que fue enterrado en una zanja en la misma linde con el Fundus vecino de más al Sur. En este caso el Fundus de Lucrecia fue absorbido por dicho fundus.  Y si no tenemos en cuenta el sitio donde se ha encontrado puede ser que al morir Yconomes Lucrecia  mandara destruirlo y hacer otro.

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